La decisión del Gobierno de la Ciudad de reinstalar la histórica Fuente Monumental en el Parque 3 de Febrero abrió un nuevo frente de debate en Palermo. Vecinos y organizaciones vinculadas al cuidado del parque cuestionaron el lugar elegido para emplazar la obra una vez restaurada y presentaron formalmente una propuesta alternativa para su ubicación.
La discusión se produce mientras avanza el proceso licitatorio para la restauración integral y reconstrucción de la fuente, una pieza de hierro fundido de más de doce metros de altura realizada por la fundición francesa Val d’Osne a partir de un diseño del escultor Mathurin Moreau y el arquitecto Paul Liénard, figuras destacadas del arte ornamental europeo del siglo XIX.
Según el proyecto oficial, la obra será reinstalada dentro del Parque 3 de Febrero, sobre la avenida Valentín Alsina, en un sector que funcionaría como extensión del boulevard de Plaza Croacia. Sin embargo, desde la organización Amigos del Lago de Palermo enviaron una nota a funcionarios del Gobierno porteño y de la Comuna 14 en la que manifiestan su desacuerdo con el sitio seleccionado.
El planteo fue dirigido al subsecretario de Paisaje Urbano, Juan Vacas, y a la directora general Cecilia Segal, así como a las autoridades comunales Martín Cantera y Sharon Mizrahi. En el documento, los vecinos recuerdan además una reunión realizada el pasado 5 de marzo en el despacho del subsecretario, en la que ya se había comenzado a discutir el tema.
En su presentación, la organización vecinal propone que la fuente sea emplazada en la intersección de la avenida Figueroa Alcorta y la calle La Pampa, en el límite del Área de Protección Histórica 2 correspondiente al Parque 3 de Febrero.
Según argumentan, ese punto tendría varias ventajas urbanísticas y funcionales. Por un lado, se trata de un distribuidor de tránsito ya consolidado, donde la fuente podría ocupar un espacio propio y destacado, sin interferir con sectores verdes consolidados del parque.
Los vecinos sostienen además que el lugar permitiría jerarquizar la pieza patrimonial, ya que se convertiría en el elemento central del espacio urbano. También señalan que el sitio cuenta con disponibilidad cercana de agua, un factor relevante para la instalación y funcionamiento del sistema hidráulico de la obra.
Otro argumento que mencionan es su cercanía con la sede histórica de Obras Sanitarias de la Nación —actual AySA—, entidad que originalmente donó la fuente a la ciudad, lo que reforzaría el valor simbólico del emplazamiento.
En contraste, desde la organización cuestionan el lugar previsto inicialmente por el Gobierno porteño, ubicado en la intersección de las avenidas de los Ombúes y Tornquist, sobre la Plaza Florencio Sánchez, dentro del mismo parque.
Según el planteo vecinal, en ese sector la fuente quedaría rodeada de árboles y competiría visualmente con el Lago de Regatas, uno de los elementos paisajísticos más característicos de la zona.
“Quedaría deslucida y compitiendo con un paisaje verde ya consolidado desde hace mucho tiempo”, sostienen en el documento presentado ante las autoridades.
Además, advierten que la instalación de la fuente implicaría intervenir un área parquizada del histórico parque diseñado por Carlos Thays, lo que —afirman— provocaría la pérdida de un sector verde que consideran “irrecuperable”.
La controversia se da en paralelo con el proceso de restauración de la fuente, impulsado por el Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana a través de la Subsecretaría de Paisaje Urbano y la Dirección General de Regeneración Urbana.
El Gobierno porteño aprobó recientemente los pliegos y llamó a licitación pública para llevar adelante la intervención, cuyo presupuesto oficial asciende a 2.561.957.482,62 pesos.
La obra contempla la restauración integral de las piezas originales, el tratamiento de corrosiones y deterioros, la reconstrucción de elementos faltantes y el desarrollo completo del sistema hidráulico que permitirá su funcionamiento.
La fuente, conocida en los catálogos de la fundición francesa como “Vasque Monumentale”, formaba parte del paisaje urbano porteño desde fines del siglo XIX. Originalmente fue instalada en el Parque Colón, detrás de la Casa Rosada, en el contexto de las transformaciones urbanas que siguieron a la demolición de la Aduana de Taylor.
Sin embargo, en la década de 1920 fue desmontada para permitir la instalación del monumento a Cristóbal Colón. Desde entonces sus partes quedaron dispersas en distintos puntos de la ciudad.
Actualmente, el remate y el cuerpo superior se encuentran en la intersección de avenida de Mayo y Lima; un Neptuno y dos Náyades están ubicados en el Patio MIJU; y otro Neptuno se encuentra en Plaza Serbia.
La intervención se inscribe dentro del marco de protección del patrimonio cultural de la Ciudad establecido por la Ley 1227 y por los artículos 27 y 32 de la Constitución porteña, que establecen la preservación del patrimonio natural, urbanístico y cultural como una política pública.
El proyecto oficial apunta a recomponer la fuente como conjunto escultórico integral, reunificando las piezas dispersas y restituyendo su funcionamiento original en un nuevo espacio público.
Sin embargo, la discusión sobre su ubicación definitiva vuelve a poner en el centro del debate el equilibrio entre la recuperación del patrimonio histórico y la preservación del paisaje de uno de los parques más emblemáticos de Buenos Aires.
Con la licitación en marcha, la polémica abre ahora una instancia de discusión entre el Gobierno de la Ciudad, especialistas y organizaciones vecinales sobre cuál debería ser el lugar más adecuado para reinstalar una de las piezas más ambiciosas del patrimonio metalúrgico francés en la Argentina.