Una encuesta nacional sobre violencia digital a periodistas, realizada por la revista Anfibia junto a la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires y procesada por el Laboratorio de Estudios sobre Democracia y Autoritarismos (LEDA) de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), reveló que el 43% de los consultados sufrió violencia digital vinculada con su trabajo durante el último año.
Los resultados se presentaron este martes en la sede de la Defensoría porteña. El relevamiento reunió 905 respuestas válidas y examinó las formas de violencia que padecen los trabajadores de prensa, las consecuencias sobre su salud mental y los efectos de las agresiones en el ejercicio profesional.
Entre las víctimas de violencia digital, los insultos o ataques personales fueron la modalidad más frecuente, con el 89,7% de los casos. El 20,8% reportó hackeos o intentos de acceso a sus cuentas, el 18% sufrió difamación o difusión de información falsa y el 14,9% recibió amenazas de violencia física.
También se registraron amenazas de muerte (9,3%), publicación de datos personales sin consentimiento (6,7%), suplantación de identidad (4,1%), amenazas sexuales (2,8%), manipulaciones mediante inteligencia artificial o deepfakes (1,5%) y difusión de contenido sexual no consentido (0,8%).
El informe identificó que una de cada cuatro víctimas sufrió violencia digital grave. Entre las situaciones relevadas se encuentran amenazas de violencia física y de muerte, además de otras formas de hostigamiento que afectan el trabajo periodístico.
Los gráficos también muestran una relación entre la frecuencia de las agresiones y la autocensura. Entre quienes no sufrieron violencia digital, el 43% evitó publicar o investigar un tema por temor a las consecuencias. El porcentaje fue del 58% entre quienes padecieron agresiones pocas veces, del 59% entre quienes las sufrieron bastantes veces y llegó al 82% entre quienes experimentaron violencia sistemática.
El retiro de la conversación pública siguió una tendencia similar: alcanzó al 17% de quienes no sufrieron violencia, al 28% de quienes la padecieron pocas veces, al 36% de quienes la sufrieron bastantes veces y al 53% de quienes estuvieron expuestos a agresiones sistemáticas.
En cuanto a la salud mental, el 40,7% de quienes sufrieron violencia sistemática registró una afectación grave o muy grave, frente al 11,5% de quienes padecieron violencia pocas veces. Entre quienes sufrieron agresiones bastantes veces, el porcentaje de afectación grave o muy grave fue del 21,1%.
Otro de los ejes del relevamiento fue la respuesta de los medios de comunicación frente a las agresiones. Entre las 389 víctimas consultadas sobre este aspecto, el 53,2% afirmó que su medio no cuenta con ningún tipo de apoyo, el 32,1% señaló que recibe apoyo informal y el 14,7% indicó que dispone de apoyo formal.
Las diferencias también aparecen al comparar los medios según la existencia de protocolos. Entre quienes trabajan en medios que cuentan con protocolos en todos sus espacios, el 44,4% declaró recibir apoyo formal y otro 44,4%, apoyo informal. En cambio, entre quienes trabajan en medios sin protocolos, el 62,3% señaló que no recibe ningún tipo de apoyo.
Durante la presentación, la defensora del Pueblo de la Ciudad, María Rosa Muiños, sostuvo que la institución está interesada en garantizar el derecho al acceso a la información. También manifestó su preocupación por la proporción de periodistas afectados por la violencia digital y por quienes presencian estas situaciones. En ese marco, se mostró de acuerdo con avanzar en el diseño de protocolos integrales dirigidos a los medios de comunicación.
Por su parte, Silvina Heguy, de la revista Anfibia, explicó que la encuesta surgió como un intento de encontrar respuestas a las consecuencias concretas que está generando la violencia digital. Definió el relevamiento como una investigación profunda y meticulosa y señaló que los resultados exponen un panorama preocupante, que incluye nuevas formas de autocensura.
Ante la falta de respuestas frente a estas situaciones, Heguy planteó la necesidad de abrir el debate sobre cómo actuar frente a lo que está ocurriendo con el ejercicio del periodismo.