Columna de opinión de Teresa Barragán, presidenta de la Juventud Radical de la Ciudad de Buenos Aires
El viernes, en la cena de la Fundación Faro, el presidente de la Nación nombró a cinco periodistas (Alconada Mon, Pagni, Paulino Rodrigues, Volosin y Novaresio) y dijo que hay quienes “se tienen que quemar en la hoguera”. Lo hizo horas después de su sobreseimiento en la causa $LIBRA, en público y desde el cargo más alto del país.
Como presidenta de la Juventud Radical y además como una ciudadana más rechazo estos dichos por completo:
Primero, porque son ilegales. El Código Penal castiga las amenazas, la instigación pública a cometer delitos (art. 209) y la incitación pública a la violencia colectiva (art. 212), que se configura por la sola incitación. Corresponde a la Justicia definir si encuadran, pero alcanza con leer esos artículos para entender que no es una opinión más.
Segundo, por su gravedad institucional. La palabra de un presidente tiene peso y autoridad. Cuando señala a personas concretas y las asocia con la muerte, el peligro es que un tercero se sienta habilitado a ejercer violencia contra ellas.
Tercero, Milei llama “golpista” a la cobertura periodística. Hay que ser precisos: la Argentina sufrió golpes de Estado reales y sabe lo que significan. Un golpe es la ruptura del orden constitucional por la fuerza (art. 36 de la Constitución). Investigar a un presidente no es eso, es el trabajo del periodismo en una república. Usar esa palabra para nombrar la crítica es vaciarla de significado.
Lo que más me preocupa es la naturalización. El presidente amenaza a cinco ciudadanos y el país sigue como si nada, y más siendo argentinos. Sabemos muy bien lo que es la desaparición forzada, lo que pasa cuando se quiere callar a otros. Que hoy vivamos en democracia no nos da permiso para acostumbrarnos: justamente por esa memoria, nos toca reaccionar a tiempo.
Desde el radicalismo no podemos quedarnos callados. Somos el partido de la democracia, y defenderla también es defender a quienes informan. Defender a los periodistas no es defender a un bando, es defender el derecho de todos a saber y a disentir sin miedo. Exigimos que el presidente se retracte, y que dirigentes oficialistas y opositores digan con claridad que la violencia contra quienes informan no tiene lugar en la Argentina. Lo que está en juego es nuestra democracia y nuestra libertad de expresión.